Wearables
e inteligencia artificial (IA)
En 1950 Turing consolidó el campo de la inteligencia artificial con su artículo Computing Machinery and Intelligence, en el que propuso una prueba concreta para determinar si una máquina era inteligente o no, su famosa Prueba de Turing por lo que se le considera el padre de la Inteligencia Artificial.
Desde
el inicio de los tiempos el ser humano ha tratado de mejorar su cuerpo ya sea
por motivos estéticos como los tatuajes o los piercings o por motivos
prácticos, aunque estas últimas han tardado un poco más en llegar, hoy estamos
viviendo como muchas empresas tecnológicas, en su esfuerzo por abrir nuevos
mercados, se han lanzado a vendernos wearables, esto es un punto que demuestra
el interés del ser humano como colectivo en mejorar nuestras capacidades a
través de tecnología que se viste. Medir el tiempo siempre ha sido una de las
principales preocupaciones del ser humano, Es algo que facilita la
organización, y que en gran medida nos ha ayudado a convertirnos en la
civilización que somos hoy. Los huevos de Núremberg fue uno de los primeros
intentos de hacer esto posible de forma portable.
Eran
unos dispositivos que se llevaban alrededor del cuello, como un collar. Inventados
por el relojero Peter Henlein en la ciudad de Nuremberg a principios del Siglo
XVI. No eran demasiado precisos, pero lograron ser bastante populares a partir
de la década de 1580, unas décadas después de muerte de su inventor.
El primer reloj de pulsera el reloj de bolsillo ya llevaba mucho tiempo siendo un accesorio habitual, pero no fue hasta 1812 cuando se fabricó el primer reloj de pulsera. Lo hizo Abraham Louis Breguet, quien lo regaló a Carolina Bonaparte, reina de Nápoles y Sicilia y hermana pequeña de Napoleón, quien por aquel momento era el gran dominador de Europa. Aunque los relojes de pulsera se pusieron de moda entre las mujeres, la mayoría de hombres siguió usando el reloj de bolsillo, y no sería hasta después de la Primera Guerra Mundial que se popularizarían. Primero los aviadores que necesitaban acceder de forma rápida al reloj para realizar cálculos y más tarde los artilleros y el resto de especialidades militares adoptaron el reloj de pulsera, que pasó también a ser un habitual de la población civil.
Los
relojes digitales, el aspecto de los wearables comienza a ser más reconocible a
partir de 1972. En abril de ese año, Hamilton lanzó el Pulsar P1 por el módico
precio de 2.100 dólares de la época (equivalentes a unos 9.800€ actuales) y
contaba con una pulsera de oro. Sólo tres años después, en 1976, la misma
compañía lanzó el Pulsar Calculator Watch, el primero en incluir una
calculadora. Sin embargo, sus botones eran demasiado pequeños para el dedo.
no
sería hasta el principio del siglo XXI cuando hemos empezado a ver el auténtico
potencial de estos dispositivos y la posibilidad de interconectarlos gracias a
tecnologías como el Bluetooth.
En
2006 vimos Nike+, una colaboración entre Apple y Nike que permitía controlar al
milímetro nuestros entrenamientos, gracias a los medidores de las zapatillas y
el iPod Nano. Dos años más tarde Fitbit llegó al mercado en 2008, marcando un
antes y un después en el terreno de las pulseras inteligentes.
Y cinco siglos después de que Peter
Henlein inventase ese collar-reloj que eran los huevos de Nuremberg, la
tecnología wearable todavía no nos ha demostrado todo lo que es capaz de hacer.
Todavía depende en exceso de otros dispositivos o es demasiado limitada para lo
que el usuario quiere hacer con ella.
Sin
embargo, a lo largo de la historia de los wearables a pesar de que muchos podrían
pensar que es muy corta es una demostración palmaria de que los humanos estamos
ansiosos de poder equipar tecnología en nuestra muñeca, en nuestra ropa o en
nuestro cuello. Es cuestión de tiempo que la tecnología alcance un punto de
madurez en la que pueda satisfacer los intereses del público.








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